El oro, ese metal áureo que ha tejido leyendas y forjado imperios, sigue siendo, en pleno siglo XXI, un pilar fundamental tanto en el mundo de la inversión como en el de la alta joyería. Su resplandor ha seducido a civilizaciones enteras, pero más allá de su innegable belleza, se esconde un universo de matices técnicos que determinan su valor y funcionalidad.
Al adentrarse en este sector, ya sea para adquirir una pieza soñada o para capitalizar un activo, surge una pregunta recurrente: ¿qué distingue realmente al oro de 18 quilates del de 24 quilates? La respuesta no solo es fascinante, sino crucial para cualquiera que se plantee la compraventa de oro Madrid, un mercado donde la información precisa es el activo más valioso.
Este análisis detallado desentrañará los secretos detrás de los quilates, explorando cómo esta medida de pureza influye en la durabilidad, la estética y, por supuesto, el precio final de sus joyas. Comprender estas diferencias le permitirá tomar decisiones, asegurando que cada transacción sea tan brillante como el propio metal.

Para navegar con soltura en el vocabulario de la orfebrería, es imprescindible dominar el concepto de quilate.
A diferencia de su homónimo en el mundo de las gemas, que cuantifica el peso, el quilate (abreviado como «k» o «kt») en el oro es una unidad de medida de pureza. Su origen etimológico, del griego keration a través del árabe qīrāṭ, se remonta a la semilla del algarrobo, utilizada en la antigüedad como un patrón de peso sorprendentemente uniforme.
El sistema moderno divide la masa total de una aleación metálica en 24 partes iguales. De este modo, cada quilate equivale a 1/24 de la composición total de la pieza. Esta escala nos revela con exactitud qué porcentaje de la joya es puro y qué proporción corresponde a otros metales, denominados aleaciones.
La inclusión de elementos como el cobre, la plata, el paladio o el zinc no es un demérito; al contrario, es una técnica metalúrgica refinada para dotar al oro de mayor dureza, resistencia e incluso para modular su paleta de colores.
El oro de 24 quilates representa la perfección, la pureza absoluta. Con una composición certificada del 99,9%, es el estándar de inversión por excelencia. En la escala de 24 partes, la totalidad de la pieza es de este materai, sin la adición de ningún otro metal.
Su naturaleza dúctil limita su aplicación en la joyería de diario. Su uso se concentra en ámbitos donde la pureza es el factor primordial:
El oro de 18 quilates es, por consenso, la aleación predilecta de la alta joyería a nivel global. Su fórmula magistral consiste en un 75% de oro puro (18 de 24 partes) y un 25% de otros metales (las 6 partes restantes). Esta combinación no es aleatoria, sino el resultado de siglos de perfeccionamiento para alcanzar el equilibrio ideal entre la nobleza de este material y la funcionalidad requerida para una joya duradera.
Su simbiosis perfecta de estética y resistencia lo convierte en el estándar para:
La correlación entre los quilates y el precio es directa y transparente. El valor intrínseco se calcula en función de la cantidad de oro puro que alberga. En un entorno económico como el actual, donde este material actúa como valor refugio y alcanza cotizaciones elevadas, este cálculo es más relevante que nunca.
El proceso de tasación se fundamenta en tres pilares: el peso de la pieza, su pureza (quilataje) y la cotización oficialen tiempo real. El precio de mercado se establece por gramo de oro puro (24k), y a partir de este, se deduce el valor para las demás aleaciones. Ilustremos con un ejemplo:
Si la cotización internacional del oro de 24k es de 80€ por gramo (valor hipotético), el precio del contenido de este material en un gramo de 18k se calcularía como el 75% de esa cifra:
Así, una joya de 18k con un peso de 10 gramos tendría un valor base de 600€. Es crucial entender que este es el valor del metal precioso. Un tasador experto, sin embargo, evaluará otros factores que pueden añadir un valor significativo a la pieza (diseño de autor, firma de una marca reconocida, época de fabricación, estado de conservación y calidad de las gemas que pudiera engastar).
En definitiva, la disyuntiva entre oro de 18 y 24 quilates no se resuelve en términos de superioridad, sino de adecuación al propósito.
Para el inversor que busca proteger su patrimonio en un activo tangible y universalmente aceptado, el de 24 quilates en formato de lingotes o monedas certificadas es la elección indiscutible. Su valor es puro, líquido y está directamente anclado a los mercados financieros globales.
Para el amante de la joyería, para quien busca una pieza que encapsule un sentimiento, un hito o simplemente la expresión de un estilo, el de 18 quilates es el material supremo. Ofrece la combinación perfecta de la opulencia con la resiliencia necesaria para formar parte de la historia personal de quien lo luce.
En Rejoya, nuestra especialización en la compraventa de joyas y metales preciosos se fundamenta en un profundo conocimiento de estas distinciones. Ya sea que desee tasar una moneda de inversión de 24k o una joya familiar de 18k, nuestro equipo te garantiza una valoración transparente, rigurosa y alineada con la cotización más actual.
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